Acercamiento a la cultura Guane

Mediante este blog estamos tratando de hacer un acercamiento a la cultura Guane hoy ultrajada por comerciantes que ofrecen mil objetos que no son guane y autoridades municipales quienes llegan a los cargos públicos sin ninguna base cultural. El idioma que usamos es el más sencillo, como si se tratara del de una noticia, a fin de que todos entiendan los contenidos. Los Guane fue la más desarrollada cultura de su tiempo antes y a la llegada de los españoles y no los nativos que anduviesen en guayuco.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Leyes civiles y penales Guane

      
Nuestros ancestros Guane, como todo ser humano que viven en comunidad, generaron su propio reglamento de convivencia  y consolidar su moral natural para que rija sus actividades diarias. Con el paso del tiempo  el pueblo Guane fue adquiriendo estructuras más sólidas en lo  jurídico.  Sus códigos los miraba y aceptaba con un profundo respeto y con el convencimiento que eran para respetar. Las transgresiones  eran castigadas con penas muy estrictas, incluso, con la muerte para determinados casos como el homicidio intencional.  

Heredad de los Guane
Alrededor de la justicia Guane se han creado conjeturas muy variadas sin que hayan comprobado histórica y científicamente. Las normas no estaban escritas porque los Guane nunca usaron un alfabeto, pero si  fijas en la conciencia de cada uno de los Guane. Se transmitían verbalmente de generación en generación. Parece que en toda la geografía ocupada por este pueblo, los códigos  para castigar delitos penales como civil eran los mismos. Este o aquel cacique siempre aplicaba las mismas normas ya que se les preparaba desde que eran jóvenes.

Para los Guane el homicidio intencional era posiblemente  el pecado más grande que ser humano pudiera cometer contra  sus congéneres.  “Cuando alguna mataba culpablemente a otro debía también morir, aunque le perdonasen los parientes del muerto, pues decían que Dios es el único dueño de la vida del hombre y por consiguiente los hombres no podían perdonar al homicida, sino solamente Dios”.

A los actos de guerras en defensa de la heredad y la familia, la pena de muerte no operaba, pero si cuando había un deceso en peleas interpersonales, venganzas y otros comportamientos. La muerte producida en guerra contra el enemigo, “no tenía ninguna medida de castigo. Las acciones de guerra no se penalizaban así se hubiese  destruido una tribu a otra. En este caso la acción que produjo la muerte en el contrincante se premiaba”.

Los ancestros santandereanos eran estrictamente respetuosos de los bienes ajenos. No se toleraba a quienes de una u otra forma se apoderaban de los haberes de los demás. Al ladrón se le castigaban muy severamente con mutilaciones corporales con lo cual quedaban señalados de por vida. Les quitaban, según la gravedad del delito, un dedo o una mano. Se catalogaba como más que grave la residencia del ladrón. Cuando recaía  por tercera vez en el delito, “…el cacique los hacía atar fuertemente a un madero alto y ordenaba que se le matara a flechazos”.

En cuanto a la vida familiar, los indios eran extremadamente celosos con sus mujeres. A la creían que había acido en la infidelidad la hacían comer ají picante a toda prisa, con lo cual se quemaban hasta sus entrañas y entonces la ponían en confesión de su delito. Si se declaraba culpable era condenada a muerte. En cambio, si manifestaba ser inocente, le hacían grandes fiestas para premiar su virtud.

Como ocurre en toda la humanidad, el poder económico primaba sobre quien no lo tenía. E determinados delitos el acusado podía evadir la sanción normal. Existía de cierta forma  desequilibrio social frente a la ley según su condición económica. “El hombre adúltero era casi siempre condenado a muerte, pero si era rico, debía darle al esposo o familia de las ofendidas, mantas, objetos de oro, de los cuales éste debía hacer partícipe al cacique, quien era el que conmutaba la pena”. La cantidad y calidad de objetos a pagar se tazaba durante el alegato o lo que podríamos llamar juicio que presidía el Cacique.

Algunos escritores relatan que entre las penas que imponían los caciques estaba la de utilizar al ladrón como objeto de concurso deportivo entre los flecheros. “Se ordenaba atar al acusado a un palo y flechar al reincidir en hurto y a los flecheros que acertaban a herirlo en la boca o en un ojo, les daba el cacique en premio una manta”.  Otros escritores afirman que estas son afirmaciones hipotéticas, son “mitos no comprobados” ni histórica ni antropológicamente.

De la misma forma han divulgado que, “A los jóvenes traviesos les echaban agua de ají en los ojos y a una mujer sospechosa de adulterio, la embriagaban con zumo de borrachero, (planta de la que se extrae la escopolamina), y si en el estado de beodez se permitía algún acto de sensualidad, daban por cierta la sospecha y la mataban”.  Estas hasta el momento son leyendas no comprobadas. Simples mitos para hacer más impactantes los escritos.

“Todos estos castigos hacían que los Guane, fueran de vida ordenada y naturalmente buena; lo que no sucedía con los indios de otras regiones, abandonados a los caprichos de su pobre naturaleza”.  El cacique era el encargado de aplicar la ley en todo momento y lugar. La autoridad del cacique era considerada de origen sagrado y creían que su poderío procedía del Sol y de la Luna, por esto se les respetaba muchísimo y se les obedecía ciegamente”.

“Se le tenía tanto respeto al cacique que sus gobernados no se atrevían a mirarlo de frente y cuando le llevaban algún presente o necesitaban hablar con él nunca podían mirarlo a la cara, entraban profundamente inclinados, hablaban con él y luego, vueltos de espaldas abandonaban el recinto”.

Había normas para casi todo. Destacaban las reglas de protección de los niños, los jóvenes y los ancianos. Posiblemente, estos mandatos obligaron a que los Guane tuvieran un  muy profundo amor a su familia y a su heredad. El trabajo se distribuía por sexo y complementaba ese apego natural, norma inflexible,  entre nuestros antepasados.

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